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La Responsabilidad de Chávez, la de Maduro y la Nuestra

Escrito el 28/11/2018
Sergio Sánchez


Trabajé en el Gobierno de Chávez en varias responsabilidades y milité en el PSUV. Siempre mantuve una postura crítica pero absolutamente insuficiente frente a lo que pasaba. El argumento de que la crítica era a lo interno, la promesa de que se crearían espacios para el debate, la esperanza de corrección y el resentimiento que sentía en contra de los explotadores, y que la narrativa del chavismo recreó con mucha fuerza y extendió hacia todos los que se opusieron al Gobierno, hizo que me relajara en la crítica y la confrontación al autoritarismo, el culto a la personalidad, al patrimonialismo (asumirse propietario del estado y sus recursos) y a la polarización. 

Fue en tiempos de Chávez que se planteó la tesis de "o son ellos o somos nosotros" y con esto se hizo una muy mediocre, falsa y dañina división entre "escuálidos" y chavistas, como si eso definía la lucha entre capital y trabajo. 

Ya no importaba si eras un burgués (como Gorrín) o si saqueabas para convertirte en uno (como Andrade). Si eras chavista "pertenecías a la clase revolucionaria, tenías la moral superior, eras de los buenos". Por el contrario, si criticabas y enfrentabas al Gobierno eras "el enemigo". No importa si eras campesino, profesor, abogado, periodista, ama de casa, si tus críticas eran válidas, si eras dirigente sindical o de la socialdemocracia. Todos eran por igual "de la extrema derecha proyankes".

Se dividió Venezuela con arreglo a la supuesta contradicción principal. Se afirmó que el enemigo principal eran los gringos y por tanto, todo el que levantara una consigna en contra de los gringos era "de los nuestros". El oportunismo entendió eso muy rápido. Y pronto, hasta el propio Chávez sostuvo que todo podíamos tolerarlo mientras se luchara contra el enemigo principal.

Compañeros me decían "la corrupción es un tema secundario, no es la contradicción principal" y con este contrabando teórico la corrupción hizo metástasis. Se impuso la "política" identitaria. Si es de nuestra identidad se tolera todo (Chavistas, contad con la vida y la felicidad aún siendo culpables) y si es de la otra identidad, "la enemiga", se niega todo (escuálidos, contad con el irrespeto, el odio y el exterminio de tus ideas aún teniendo la razón).

Esta polarización es la que permitió llegar hasta donde estamos. Y es entera responsabilidad de Chávez. La corrupción, la prepotencia, el caudillismo y la obsesión enfermiza por la unidad que homogenizaba y metía en un orden cerrado a todo el Chavismo, es entera responsabilidad de Chávez. 

¿Significa esto que vamos a renegar de los avances, de la Constitución del 99, de su honesta intensión de saldar la deuda de los pobres, de su acción en torno a la recuperación de la soberanía, etc? No. Chávez fue un patriota que se la jugó con los pobres. Esto hay que reconocerlo. Es lo que llamo lo reivindicable de Chávez.

Maduro en cambio tomó lo malo de Chávez, lo desarrolló de la forma más populista y autoritaria. Cambió la pedagogía de Chávez que apostaba, parcialmente, a la conciencia, por el terror y el chantaje sobre el Pueblo. A su vez, acabó con lo positivo del Chavismo: la Constitución, la democracia, la opción por los pobres, y se concentró en el saqueo de la nación para el beneficio de su grupo y de los grupos que lo mantienen en el poder. 

Es lógico que hayamos apoyado a Chávez, incluso sus errores. ¿Acaso veníamos de un jardín de rosas? Nos equivocamos en eso y debemos reconocerlo y decirlo a los cuatro vientos (como lo señalaba el Che) para que no se vuelva a cometer el mismo error. 

Ahora, lo de Maduro es imperdonable. Apoyar a una dictadura mafiosa, saqueadora, que milita en el hambre y la muerte para hacerse cada vez más rica, es imperdonable para quienes se hagan llamar de izquierda. Asumir la defensa de este Gobierno solo porque es de mi identidad "del bloque revolucionario" es un contrabando ideológico grotesco, además de un acto de cobardía terrible pues expresa el miedo a asumir las consecuencias de lo que ya todos sabemos: no existe ningún bloque revolucionario. Existe un bloque de mafias que saquean a Venezuela y a un Pueblo chavista que aún confía (cada vez menos) en qué esas mafias rectificarán y los sacarán de la pobreza en la cual los han metido. Todos sabemos que eso no ocurrirá.

No hay manera de darle una salida chavista a esta crisis porque la falla estructural está en el chavismo como lo mencionamos anteriormente. Y cada día que pase Maduro en el poder será más difícil y lejano recomponer la izquierda y su narrativa de justicia, de democracia y libertad, y por tanto será más dificil darle una salida siquiera progresista. 

Aquí la mejor salida posible para las fuerzas de izquierda, democráticas y patriotas es la de un gobierno de Unidad Nacional que deje por fuera a los extremistas de la derecha fascista. Aspirar más en estas circunstancias es no entender el grave daño que causó el Madurismo y la izquierda a sí misma y a su narrativa. 

Es imposible seguir afirmando que se debe apoyar a Maduro porque "la contradicción principal es con el imperialismo", cosa además que es falsa y siempre lo fue desde el punto de vista teórico.

La tarea más importante que tiene la izquierda hoy es separar su narrativa del Madurismo, explicarle al Pueblo que esto nada tiene que ver con el proyecto histórico de justicia, libertad y democracia con el que se conquistaron tantas reivindicaciones como el derecho universal al voto, la igualdad de género, la educación y salud gratuita y universal, la reducción de la jornada laboral de 16 a 8 horas, la protección del medio ambiente, entre otras. 

Debemos hacer un balance de los aciertos y errores cometidos y ratificar que esos errores no invalidan el proyecto de justicia, libertad y democracia social que defendemos. Pero para eso, el primer paso es romper con el Madurismo. Y allí están enganchados aún muchos compañeros.

Sergio Sánchez
Dirección Nacional
Movimiento Amplio Desafío de Todos