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Cuando el Estado induce la muerte

Escrito el 28/02/2018
Desafio De Todos


Decía Nelson Mandela: "La libertad es inútil si la gente no puede poner comida en sus estómagos, si no pueden tener refugio, si el analfabetismo y la enfermedad siguen persiguiéndolos."

Todos los días las redes sociales, único espacio informativo aún no controlado por el Gobierno, se inundan con noticias y mensajes relacionados con el padecimiento de muchos venezolanos debido a la falta de medicinas y a las complicaciones derivadas de no poder cumplir con un tratamiento médico específico. Por si fuese poco, a este terrible panorama debemos sumar un nuevo flagelo que es un tanto inusual en la cultura del venezolano: El suicidio como medio para acabar con la tragedia.

Hoy me convierto en la voz del Sr. Pedro Fernández (78 años), quien el 24 de febrero decidió lanzarse del piso 12 de su residencia ante la imposibilidad de adquirir los medicamentos necesarios para su tratamiento contra el cáncer. Este triste caso nos llega a lo más profundo del corazón, el Sr. Pedro pudo ser mi tía o mi mamá quien desde hace 3 años es paciente oncológico, por lo que puedo entender perfectamente y dar testimonio sobre el desespero y la angustia que se vive para conseguir un tratamiento de alto costo en la Venezuela de hoy.

Es cierto que en nuestro país las fallas del sector salud no son nuevas, pero haciendo honor a la verdad, debemos reconocer que en los primeros años del Gobierno de Hugo Chávez, si bien el sistema de salud venezolano no alcanzó el nivel óptimo, al menos logró un servicio medianamente aceptable a través de la Misión Barrio Adentro en sus diferentes modalidades y de la red de Farmacias de Alto Costo del Seguro Social, pero infelizmente los pocos avances logrados se revirtieron en el proceso de involución en el que nos ha sumergido el actual Gobierno.

La salud, al igual que la comida, se convirtió en el gran negocio de un Estado rico con una cesta petrolera benevolente, donde era más fácil importar que desarrollar la industria nacional. Este hecho explica fácilmente por qué a partir del 2015-2016 con la caída de los precios del petróleo, comenzó a acentuarse la crisis del sector salud, ¡sorpresa! llegaron las vacas flacas para las cuales nunca nos preparamos.

Con la salida de Carlos Rotondaro del IVSS muchos creyeron que se acababa el problema de suministro y se tenía un chivo expiatorio, sin entender que los verdaderos culpables son quienes decidieron que el modelo económico de Venezuela debía ser rentista, improductivo y populista.

El Gobierno fracasó, acabó con las pocas empresas farmacéuticas que estaban en el país y se endeudó con los grandes laboratorios, todo hay que importarlo, el sistema está completamente inservible.

Si alguien todavía tiene duda de lo que estamos viviendo, puede revisar los casos de suicido que se van incrementando ante el desespero de no poder acceder a un tratamiento médico o a una medicina. Las personas han perdido la fe y la esperanza en su gobernante, son suicidios inducidos por un Estado indolente que se resiste a permitir la asistencia humanitaria, es decir, ni lava ni presta la batea.

Cualquier esperanza de rectificación fue aniquilada el 25 de febrero cuando el Presidente Nicolás Maduro en entrevista con el chileno Marco Enríquez Ominam, afirma que la información sobre los venezolanos que han muerto por falta de medicamentos “es una exageración”. Imagine usted lo que habrá sentido la familia del Sr. Pedro o cualquiera de nosotros a quienes nos toca cada día vivir el vía crucis de perseguir un medicamento o la imposibilidad de realizarse un tratamiento médico.

Las mujeres del Movimiento Amplio alzamos nuestra voz para pedir al Gobierno que admita su incapacidad y permita la asistencia humanitaria. ¡No pueden seguir muriendo más venezolanos!.

Las soluciones tienen que ser ahora, ¡tienen que ser YA!. Sr. Presidente, si todavía le queda un ápice de conciencia suspenda las elecciones del 22/04 y convoque a un Gran Acuerdo Nacional para abrir las compuertas de la verdadera democracia, lo cual incluye en primer lugar elecciones apegadas a las garantías constitucionales y de ley, aléjese de la trampa, o por qué no, renuncie, eso sería una salida histórica y decorosa para permitir que el derecho a la vida vuelva a los venezolanos.

Decía Nelson Mandela: "La libertad es inútil si la gente no puede poner comida en sus estómagos, si no pueden tener refugio, si el analfabetismo y la enfermedad siguen persiguiéndolos."

Todos los días las redes sociales, único espacio informativo aún no controlado por el Gobierno, se inundan con noticias y mensajes relacionados con el padecimiento de muchos venezolanos debido a la falta de medicinas y a las complicaciones derivadas de no poder cumplir con un tratamiento médico específico. Por si fuese poco, a este terrible panorama debemos sumar un nuevo flagelo que es un tanto inusual en la cultura del venezolano: El suicidio como medio para acabar con la tragedia.

Hoy me convierto en la voz del Sr. Pedro Fernández (78 años), quien el 24 de febrero decidió lanzarse del piso 12 de su residencia ante la imposibilidad de adquirir los medicamentos necesarios para su tratamiento contra el cáncer. Este triste caso nos llega a lo más profundo del corazón, el Sr. Pedro pudo ser mi tía o mi mamá quien desde hace 3 años es paciente oncológico, por lo que puedo entender perfectamente y dar testimonio sobre el desespero y la angustia que se vive para conseguir un tratamiento de alto costo en la Venezuela de hoy.

Es cierto que en nuestro país las fallas del sector salud no son nuevas, pero haciendo honor a la verdad, debemos reconocer que en los primeros años del Gobierno de Hugo Chávez, si bien el sistema de salud venezolano no alcanzó el nivel óptimo, al menos logró un servicio medianamente aceptable a través de la Misión Barrio Adentro en sus diferentes modalidades y de la red de Farmacias de Alto Costo del Seguro Social, pero infelizmente los pocos avances logrados se revirtieron en el proceso de involución en el que nos ha sumergido el actual Gobierno.

La salud, al igual que la comida, se convirtió en el gran negocio de un Estado rico con una cesta petrolera benevolente, donde era más fácil importar que desarrollar la industria nacional. Este hecho explica fácilmente por qué a partir del 2015-2016 con la caída de los precios del petróleo, comenzó a acentuarse la crisis del sector salud, ¡sorpresa! llegaron las vacas flacas para las cuales nunca nos preparamos.

Con la salida de Carlos Rotondaro del IVSS muchos creyeron que se acababa el problema de suministro y se tenía un chivo expiatorio, sin entender que los verdaderos culpables son quienes decidieron que el modelo económico de Venezuela debía ser rentista, improductivo y populista.

El Gobierno fracasó, acabó con las pocas empresas farmacéuticas que estaban en el país y se endeudó con los grandes laboratorios, todo hay que importarlo, el sistema está completamente inservible.

Si alguien todavía tiene duda de lo que estamos viviendo, puede revisar los casos de suicido que se van incrementando ante el desespero de no poder acceder a un tratamiento médico o a una medicina. Las personas han perdido la fe y la esperanza en su gobernante, son suicidios inducidos por un Estado indolente que se resiste a permitir la asistencia humanitaria, es decir, ni lava ni presta la batea.

Cualquier esperanza de rectificación fue aniquilada el 25 de febrero cuando el Presidente Nicolás Maduro en entrevista con el chileno Marco Enríquez Ominam, afirma que la información sobre los venezolanos que han muerto por falta de medicamentos “es una exageración”. Imagine usted lo que habrá sentido la familia del Sr. Pedro o cualquiera de nosotros a quienes nos toca cada día vivir el vía crucis de perseguir un medicamento o la imposibilidad de realizarse un tratamiento médico.

Las mujeres del Movimiento Amplio alzamos nuestra voz para pedir al Gobierno que admita su incapacidad y permita la asistencia humanitaria. ¡No pueden seguir muriendo más venezolanos!.

Las soluciones tienen que ser ahora, ¡tienen que ser YA!. Sr. Presidente, si todavía le queda un ápice de conciencia suspenda las elecciones del 22/04 y convoque a un Gran Acuerdo Nacional para abrir las compuertas de la verdadera democracia, lo cual incluye en primer lugar elecciones apegadas a las garantías constitucionales y de ley, aléjese de la trampa, o por qué no, renuncie, eso sería una salida histórica y decorosa para permitir que el derecho a la vida vuelva a los venezolanos.